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miércoles, 8 de mayo de 2013

On 5:00 by El Andamio de Enfrente in , ,    No comments
nelly + simba
Buenas tardes, weekly. ¿O debería decir buenas noches? Desde que cambiaron la hora, y ahora anochece más tarde, ya no se ni en qué hora vivo. Algo bueno es que hay más horas de luz, es cierto, y buen tiempo. Y con el buen tiempo suelen llegar mis ganas de pasarme el día en la calle, disfrutando del sol que en invierno no suele aparecer tanto.
Normalmente, con la llegada de los días soleados suelo coger mi bici e ir a dar un paseo en cualquier rato libre, pero el año pasado me la robaron. Yo tengo la sospecha que fue el técnico del aire acondicionado, que vino a instalárselo al vecino del bajo. Nos pidió que moviéramos las bicis para acceder mejor al lugar donde pensaba colocar el aparato, yo mande a mi hermana pequeña a hacerlo con el desgraciado resultado de que horas después nos dimos cuenta de que las bicis ya no estaban. Y el técnico del aire jamás volvió para terminar de instalarlo.
Como a grandes problemas, soluciones prácticas, hace varios días fui y me compre una bici en Decatlón. En el recinto mi “gaydar” se activó en seguida. Había algunas chicas en la zona de balones de futbol, otras en la zona de aparatos de gimnasio, y la mayoría tenían pinta de entendidas. Pensé que aparte de pull and bear y demás tiendas de ropa esencialmente masculina, las bolleras también se reunían en allí. Fue curioso, justo al entrar sentí como si miles de ojos me observaban al igual que hacen los mapaches de Australia al reconocer a uno de su especie. Atentamente, seguían mis pasos para ver si yo iba para la sección de pelotas, de boxeo, o de patines. Pero no, mi objetivo era otro. La sección de bicicletas.
Ya en la sección de bicis, me fije en que había unas para mujeres, y otras para hombres. La verdad, no sé porque ponen que un diseño es especial para un determinado sexo. No le veo sentido, he montado en una de hombre y la diferencia es que la geometría es algo distinta, nada más. Una mujer puede llevar a la perfección una así. En esto estaba pensando cuando a mi mente le dio por divagar. ¿Cómo sería una bici especialmente para lesbianas? ¿Y una para gais? La de una chica lesbiana me la imagine con unos pechos en el manillar, para ir practicando y alegrando la vista, con la misma potencia que la de un tío, pero el sillín mucho más cómodo. Y la de un gay, las vi sin sillín. Y con flores. Puede ser un poco etiquetador, pero me salió una sonrisa al pensarlo. Mi mente cuando se empeña en tomarse las cosas a broma, acaba con resultados tan esperpénticos como el que un gay pueda ir en una bici sin sillín...
Después, ya con la bici en mi poder, me acorde de que no podría transportarla en autobús desde el centro comercial, que estaba en un polígono industrial, hasta mi casa. Había unos cuantos km de por medio, y no me sabia el camino. Antiguamente, digamos que en el renacimiento, una persona en mi situación no sabría lo que es un polígono industrial ni un centro comercial, y por supuesto, no tendría una bicicleta, sino un caballo o en su defecto, un burro. Alguien en esta circunstancia, buscaría el norte según la posición del sol, y solo con ese dato llegaría a su casa. Yo necesite el GPS de mi móvil, llamar varias veces a mi madre para que me indicara la ruta del autobús desde google mapas y por precaución, fui también preguntando a los caminantes y coches si estaba en el camino correcto. Lo que pude haber hecho en media hora, me llevo una hora por tener muchas veces que dar la vuelta por haberme equivocado de camino.
Antes de montarme y empezar en el pedaleo, se me ocurrió que las bicis eran como los caballos modernos. Y si las bicicletas ocupaban en la actualidad el lugar que habría ocupado este animal, las motos eran los caballos de raza, y los coches los carruajes. Todo con menos contaminación antes, claro está.
En estas reflexiones andaba pensando, cuando empezó a levantarse el viento. El, movía mi camiseta impulsándome hacia la bici, a montarme en ella, como si de un caballo se tratase, y yo fuera el caballero apropiado. Empiezo a pedalear, poco a poco fui cogiendo velocidad y sentia que soy la reina del mundo. Imparable, fuerte, con el viento despeinándome el pelo, las mejillas sonrosadas por el esfuerzo, y las ganas impulsando mis pies. Me senti imbatible, inderogable del trono que es el sillín de la bicicleta.
Horas después, tras el paseo y pasada la adrenalina del ejercicio, miro el aparato. Ciertamente, es el caballo moderno, te hace sentir independiente, pues no dependes de nada, ni de la gasolina o un casco como es el tener una moto. No, eres totalmente libre. Tú, tus fuerzas, tus ganas, y la bici. Solo eso. No hay nada más. Ni el sonido del motor, ni un casco entorpeciendo tu agilidad, nada. Solo tú pedaleando.
Más que un deporte para mí, es un estilo de vida. Si pudiera ir en bici a todos los lugares, lo haría. Si hubiera más carreteras seguras de ciclistas, aparte de caminos o sendas, seguro que iría de ciudad en ciudad, como antiguamente con los caballos. E incluso, como a un caballo, le pondría nombre a mi montura.
Ahora que lo pienso, sí que voy a nombrarla. Se llamara... Viento que cabalga entre el asfalto. Que va, es broma, me gusta el nombre pero parece que estoy hablando de un caballo japonés. Así que simplemente lo llamare viento. Porque eso es lo que siento cuando estoy montada en la bici, como el viento me refresca, me impulsa, me reconforta y limpia mi cara. Es la sensación de sentir el aire en la cara tras un día de extremo calor, que te hace pensar en la libertad, en la independencia... Y sobre todo, en la belleza de vida.


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